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CEFIM - TRABAJO DE AMBOS: una nueva realidad.

TRABAJO DE AMBOS: una nueva realidad. PDF Print E-mail
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Escrito por: Lucía Legorreta de Cervantes
 
 
Al estudiar y observar a las familias de hoy, es evidente que la dinámica familiar ya es otra: el esquema en que la mujer se encargaba del hogar y de la educación de los hijos, en tanto el hombre figuraba como el proveedor económico de la familia, ya no es común.
 
Dado que las mujeres hemos cambiado significativamente nuestros roles y actividades;  yo me pregunto: el hombre, ¿hasta dónde ha asumido su propia misión en la familia?,  ¿hasta dónde se involucra en la educación de sus hijos y no solo en su manutención?
 
Y es que los hijos necesitan, desde que nacen, el apoyo y apego de su padre.  Su ausencia en la vida familiar no es para nada justificable por un exceso de trabajo.   De hecho, este es un punto de gran importancia y que muchos padres, en la actualidad, ni siquiera se han planteado.  Algunas de las consecuencias identificadas, si el padre no está presente pueden ser:   disfunciones cognitivas,  déficits intelectuales, privación afectiva, inseguridad, baja autoestima y mal desarrollo de la identidad sexual. 
Reconozcamos que muchas veces los papás estamos inmersos en el trabajo, con la fija idea de generar bienes materiales, pero nos olvidamos de algo trascendental, que es convivir con los hijos.   Y en especial, suele ser el hombre quien se pierde de ese gran valor y satisfacción que brinda el ser un auténtico padre de familia.
 
Recuerdo el impacto que me causaron las palabras de un exitoso empresario: he tenido mucho éxito en mi vida profesional, pero me arrepiento de no haber visto y gozado a mis hijos cuando estos crecían.  Ahora ya es demasiado tarde.   
 
Considero que el aspecto laboral debe estar después del valor de la familia y no situarse al mismo nivel, ya que esta última es su motor.    La igualdad de oportunidades que estamos viviendo papás y mamás exige la igualdad de responsabilidades, que habrá que llamar corresponsabilidad, y con funciones diseñadas de acuerdo con lo que cada uno sabe hacer mejor.   Para ello, decide con tu pareja el estilo de vida que quieren llevar.  No hay duda, no es tarea del gobierno decidir al respecto, sino de cada matrimonio.  
 
Partiendo de que en el hogar hay dos cabezas que pueden alternarse, suplirse, complementarse, delegarse, o actuar simultáneamente según convenga a la familia hay muchos caminos para acercarnos a nuestros hijos, no olvidando que son ellos  quienes se ven  afectados por el tipo de organización que se decide llevar.
 
Te invito a no pensar en el patrimonio económico que puedas o no dejar a tus hijos cuando ya no estés con ellos, sino a valorar el patrimonio vital que se refiere a todas aquellas vivencias que desde niños han quedado marcadas en el corazón y que recordarán toda su vida.   ¿Cuál es tu patrimonio vital?   ¿Qué recuerdos tienes de tus papás?,  ¿qué experiencias de vida no se te olvidan, momentos importantes, conversaciones, correcciones, tradiciones que te han marcado?.     Te darás cuenta, que estos recuerdos nada tienen que ver con el nivel económico que viviste, sino con las experiencias personales que tuvieron como familia.
 
De ahí, puede ser interesante preguntarte: ¿cómo te gustaría que te recordaran tus hijos?  ¿Qué experiencias y vivencias te gustaría que compartieran y vivieran con tus nietos?   Finalmente, esto es lo que vale y se llama patrimonio vital.   Como papás cometemos el grave error de querer dotarlos de cosas materiales que no son importantes y hacemos a un lado lo que realmente vale la pena: el amor, cariño y apoyo, que son gratis.    
 
Recuerda que la vida es breve, el tiempo con los hijos es escaso y la muerte es lo único seguro.   Debemos vivir con la familia al máximo, no como un periodo de rutina, cansancio o aburrimiento, sino como una oportunidad de maduración y crecimiento personal para cada uno de sus miembros.
 
Celebremos este Día del Padre, reflexionando la responsabilidad que tenemos como mamás y papás de educar hijos sanos y felices.
 
Es por ello que esta nueva realidad que estamos viviendo, en la cual tanto el hombre como la mujer trabajamos fuera de casa, no debe ser motivo para que su entorno se vea afectado.  Para que una sociedad prospere, tiene que contar con familias sólidas y por ende, con mujeres y hombres convencidos de formarlas.
 
Y tú, ¿qué opinas?