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CEFIM - Maternidad subrogada

Maternidad subrogada PDF Print E-mail
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Escrito por: Lucía Legorreta de Cervantes
 
Hace algunos años, nuestra pregunta inmediata hubiera sido ¿qué significa eso de maternidad subrogada?: solo hay una forma de ser madre y la conocemos desde que el hombre fue creado. Ahora resulta que la renta de vientres es cada vez es más común, situación que nos obliga, como sociedad, a plantearnos las implicaciones éticas y legales de esta práctica.
 
Veamos de qué se trata: “maternidad subrogada se define como el acto que genera el nacimiento de un niño gestado por una mujer sujeta a un pacto o compromiso, mediante el que se deben ceder todos los derechos sobre el recién nacido, a favor de una pareja que figurará como padres de éste”.
Ahora bien, el tema de subrogación es complejo porque involucra a varias personas en el proceso: en primer lugar, está la pareja o la persona que desea tener un hijo; pero que por algún motivo no puede gestar al bebé y recurre a una tercera para que lleve a término el embarazo. A esta figura se le denomina “pareja o persona contratante”.
 
En segundo lugar se ubica a la mujer que está dispuesta a prestar su útero para  gestar al bebé, ya sea por motivos altruistas o a cambio de una compensación económica; a esta figura se le llama “madre sustituta”. Aparece entonces el contrato de subrogación, documento en el que se estipulan las disposiciones relativas a los derechos y las responsabilidades de cada una de las partes antes, durante y después del nacimiento del niño.
 
Pueden también  aparecer los donadores de gametos, en el caso de que la pareja contratante utilice óvulos o espermatozoides (o ambos) ajenos, para llevar a cabo la fecundación. De ahí que la madre o padre contratante puede ser, también, el padre o madre biológico, pues proporciona la información genética; o puede no tener ninguna contribución en el material biológico utilizado para el proceso de fecundación. 
 
A nivel mundial, la maternidad subrogada con fines comerciales es legal en países como Estados Unidos, India, Ucrania y Rusia. En Reino Unido, Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, Grecia, Israel, Italia, Japón, Holanda, Noruega, España, Suiza y Suecia es ilegal. Este proceso puede llegar a costar a los padres contratantes entre 12,000 y 25,000 dólares; y alcanzar cifras que van de los 40,000 a los 120,000 dólares considerando las facturas médicas y costos legales. 
 
Por otro lado, el pago promedio para las mujeres que rentan su vientre en Estados Unidos está muy por debajo del salario mínimo, y se ha comprobado que al igual que en otros países, las mujeres que se prestan a estas prácticas generalmente se ubican en grupos sociales con ingresos económicos muy bajos.
 
La maternidad subrogada con fines altruistas es legal en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Dinamarca, Grecia, India, México, Noruega, España, Suiza, Suecia y Ucrania. Es ilegal en China, Alemania, Italia y Japón.
 
Considero de gran importancia las implicaciones éticas que se presentan cuando una mujer renta o presta su útero:
 
- El vínculo de apego que se crea durante la gestación se disgrega: el nexo complejo de naturaleza psicológico y físico se rompe con efectos aún desconocidos para el hijo y la madre sustituta.
- Con el embarazo, el cerebro de la mujer cambia, estructural y funcionalmente, y se crea un vínculo de apego entre la madre y el hijo -conocido como “vínculo de apego afectivo y emocional”- que forma parte del proceso biológico natural del embarazo.
- Respecto a la madre sustituta, se debe saber si su consentimiento es verdaderamente informado y consciente para renunciar al niño después de haberlo gestado durante los nueve meses.
- Es impersonal, ya que reduce a la procreación a una mera transacción comercial, dejando de lado todo valor humano.
- Los seres humanos, desde el momento de la concepción, son individuos de la especie humana y, por lo tanto, sujetos de derecho.  Es ilícito disponer de ellos como objeto de contratos.
 
La maternidad es propia de cada mujer, los hijos son un don que se nos otorga. Aunque la ciencia y la técnica permitan que una madre geste al hijo de otros, debemos reflexionar sobre los valores éticos y, de manera particular, sobre los efectos (psicológicos y sociales) que esta práctica puede generar en los niños a futuro.
 
Y tú, ¿qué opinas?