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CEFIM - ¿EDUCAS O DOMESTICAS?

¿EDUCAS O DOMESTICAS? PDF Print E-mail
Monday, 16 November 2015 02:25
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Escrito por: Ivette Laviada
Directora CEFIM Mérida
 
En amena reflexión en días pasados el Padre Ángel Espinosa de los Monteros nos compartió su punto de vista sobre la educación de los hijos, ante un grupo muy numeroso de padres de familia.
 
Actualmente trabaja en Roma como consultor familiar y formador en la Fe y tiene varios libros de su autoría, entre ellos el Best-Seller “El Anillo es para Siempre”.
 
La primera pregunta que nos dirigió a los allí presentes es si creemos que hemos educado bien a nuestros hijos, para luego dar pie a otras preguntas que medirían el grado de educación…en este punto ya no estábamos tan seguros de responder con un sí.
Resulta que muchos de nosotros quizá tan sólo hemos domesticado a nuestros hijos, esto es: sólo hemos puesto la primera base de lo que conforma su educación, les hemos enseñado hábitos de higiene y seguramente hábitos de orden, también hábitos de lo que se considera buenos modales como saludar, agradecer, pedir por favor, etc.
 
En términos generales esta clase de educación la podríamos equiparar a lo que les enseñamos a las mascotas, quienes para agradecer nos mueven la cola, nos traen los zapatos o el periódico, nos dan la pata si se las pedimos y se sientan o acuestan cuando les decimos, no hay mucho más, no hay un desarrollo de las facultades superiores que tienen los seres humanos.
 
El siguiente paso en la educación, en el nombre va implícito.
 
Del latín educare, educere que quiere decir sacar afuera, conducir. Es decir, sacar lo mejor de cada uno de nuestros hijos y conducir sus facultades intelectuales, desarrollándolas y facilitando que las vayan perfeccionando.
 
Esto es, mandarlos a la escuela, mirar si tienen aptitudes para alguna otra cosa como puede ser el deporte o las artes y proporcionar los medios para este desarrollo mas bien intelectual.
 
El siguiente paso y el reto más grande en la educación, es la formación del ser humano que debe de estar apoyada en seis pilares: inteligencia, conciencia, voluntad, corazón, carácter y espiritualidad.
 
Aquí la cosa se complica, porque en la formación de los hijos ninguno de estos pilares puede hacer falta, ya que entonces la educación estaría “coja de alguna pata”, ¿de que sirve la inteligencia sin generosidad? O ¿la voluntad sin carácter? O ¿el corazón sin voluntad? O ¿que faltara la conciencia y la espiritualidad que les enseñe el sentido de su vida?
 
La formación de la inteligencia permite que se distinga de habilidad, la primero reta a lograr conocimientos que nos ayuden a marcar una diferencia, la habilidad quizá nos haga salir del paso nada más.
 
La Conciencia les permite buscar la verdad, que no se conformen con las mentiras dichas tantas veces que hoy confunden tanto a las personas.
 
La voluntad férrea logra que sean perseverantes para alcanzar sus sueños, que terminen lo que empiezan, que en lo pequeño puedan tener espíritu de sacrificio para lograr sus ideales.
 
La formación del corazón, o educar los sentimientos, nos ayuda a que no sean egoístas, que se formen en la bondad y en la generosidad, que no critiquen y que vivan libres de condicionamientos, que no se vean chantajeados o que chantajeen a los demás, que sepan controlar las emociones y que no vivan a merced de ellas.
 
Formar el carácter les ayuda a tener una personalidad definida, que sean seguros de sí mismos y que tengan la capacidad para tomar decisiones.
 
Y la espiritualidad, que les permita la vivencia de las virtudes y dar testimonio según sus creencias, que encuentren el profundo sentido de su existencia trascendente en este espacio llamado vida terrena, para aspirar a la vida eterna.
 
Y ¿Cómo logramos los papás todo esto? Hay una regla de oro: el testimonio, pero enseñado con amor, -no hay amor sin corrección ni corrección sin amor- o dicho de otro modo, firmes en el fondo y suaves como terciopelo con la forma.
 
Precisan de nuestra autoridad, pero no del autoritarismo, precisan de límites con exigencia pero con suavidad.
 
El arte de educar se parece al riego por goteo, hay que aplicar caricias, tiempo y reconocimiento que les haga sentirse amados, éste es el mayor secreto.
 
Papá, mamá ¿Educas, formas o sólo domesticas?