Joom!Fish config error: Default language is inactive!
 
Please check configuration, try to use first active language

CEFIM - La ceguera al valor moral

La ceguera al valor moral PDF Print E-mail
There are no translations available.

Escrito por: Lucia Ibarguengoytia Cortazar

La ceguera al valor moral consideraciones en torno a la Antropología integral de Dietrich Von Hildebrand, podemos destacar de entrada lo siguiente: que la persona buena, es sensible al mundo de valores morales y a los valores moralmente relevantes, la hace especialmente receptiva a la riqueza y seriedad del ámbito moral, y con una gran  agudeza forma su juicio moral. Pero hay otras personas, en la que algunas actitudes como el orgullo ocasionan una distorsión de su juicio moral, es pues así que la ceguera al valor moral se enraíza en el ser moral de su propia persona.

Como señala Hildebrand, hay determinadas actitudes como el orgullo y el interés desordenado por lo subjetivamente satisfactorio, que pueden adormecer total o parcialmente la capacidad de captar los valores, lo que implicaría una ausencia de estatura moral.

Las relaciones entre estatura moral de la persona y su lucidez moral, es una de las cuestiones centrales en lo que se refiere a las relaciones entre la antropología y el conocimiento moral.  En esto reside precisamente el interés de lo que podríamos denominar Antropología integral de Hildebrand.

Se puede ser ciego ante los valores morales o valores moralmente relevantes, siendo los primeros las acciones y actitudes que buscan y logran el bien de las personas sancionadas por su libertad, mientras que los segundos son los valores portados por determinados estados de cosas, que son acciones moralmente valiosas, que al ocuparnos de estos valores nos permiten que motivemos nuestros actos, por lo que es moralmente bueno, a este tipo de valores pertenecen por ejemplo el valor de la vida humana y su dignidad.

La ceguera a los valores morales y a los valores moralmente relevantes es una ignorancia de las cosas que podríamos y deberíamos saber, a cuyo conocimiento estamos moralmente obligados.  Aquí no se trata del tipo de ignorancia que hace que una acción un acto involuntario.  Cabe aquí afirmar que el orgullo o la concupiscencia son las que ocasionan a ciertas personas ser culpablemente ciegas ante determinados valores morales; sabemos que de él se desprenden actitudes como la venganza, la envidia, la dureza de corazón, entre otras; de la concupiscencia surge la codicia, la impureza y la pereza; por el contrario, existen personas moralmente consientes, con un centro moral del que brotan actitudes como el amor, el agradecimiento, el perdón, el respeto etc., que proceden del yo que busca el valor o el centro amoroso y reverente de respuesta al valor.

Hildebrand  nos habla de cuatro tipos de ceguera al valor moral:

1.- La ceguera moral de subsunción.  En esta existe una comprensión de diversos tipos de valores, pero no de portadores de estos.
2.- La ceguera moral por embotamiento.  Fruto de cometer frecuentemente un pecado, si se prefiere, una acción moralmente mala. Debido a ello, la conciencia de la persona en cuestión se embota u obnubila en un determinado punto.
3.- La ceguera moral parcial.  En este tipo de ceguera moral  es más profundo que los dos anteriores, este trata de la falta de comprensión de un determinado tipo de virtud. Se trata pues de una ceguera a ciertos tipos de valores y no tanto a los portadores de determinados valores.
4.- La ceguera total constitutiva a los valores morales.  De esta cuarta ceguera podemos decir que no se trata de una ceguera ante un determinado tipo de valor o ante los portadores de estos, sino de la falta de comprensión de los valores morales fundamentales como lo bueno y lo malo.