CONCILIACIÓN FAMILIA-TRABAJO PDF Imprimir E-mail
Escrito por María Cristina Maldonado Pacheco   
Martes, 24 de Abril de 2012 21:49
A través de la historia hemos visto cómo la mujer ha pasado de una gran desigualdad a una equidad, aunque este cambio se encuentra todavía muy lejos de ser óptimo. En la actualidad, la mujer tiene un doble papel en la vida cotidiana, es decir,  realizar las tareas familiares y domésticas, así como el ser proveedora del sustento, contribuyendo de esta manera a la economía para mejorar los ingresos del hogar. Justamente, por esta última razón y/o por el crecimiento profesional, su integración en el mundo laboral ha sido determinante.

Todo ello implica una serie de acciones con efectos o resultados positivos y negativos, como en toda situación, siendo de suma importancia que exista un equilibrio tanto en lo familiar como en lo laboral, reconociendo que no es nada sencillo y en la realidad esta estabilidad no es común. En primer lugar debemos reflexionar que con este acontecimiento se da un retraso en la edad de la maternidad, la mujer en etapa reproductiva desea un menor número de hijos o simple y sencillamente no los quiere tener, ya sea por la gran responsabilidad que significa, por cuestiones económicas, o por preferir el  desarrollo de su carrera, profesión u oficio.

En el caso de que haya hijos, orilladas por la necesidad, se destina más tiempo al empleo que a ellos, delegándose la función de educar y cuidar a las escuelas, a terceras personas o a los abuelos en el mejor de los casos; consecuentemente, esto repercutirá en el desempeño escolar, psicológico y social de los menores, generando a la vez en la madre un sentimiento de culpa. Del mismo modo, por la deficiente distribución de dicho tiempo, entre otros motivos, aumenta el desequilibrio en la relación de pareja.

Además, cabe mencionar que el hombre en la mayoría de los casos, se aparta del deber en las cuestiones domésticas y familiares, dejándole este rol a la mujer al cien por ciento, pues sigue pensando que únicamente son quehaceres femeninos, exclusivos de ésta, sin que exista reciprocidad ni ayuda mutua, lo ideal sería que las tareas se compartieran. No obstante, puede ser que no tenga una pareja y por sí misma sea el sostén de la familia, fenómeno que se desarrolla principalmente en la ciudad.

Es preciso señalar también, que a pesar de los esfuerzos realizados y éxitos alcanzados, en algunos sectores de la sociedad se continúa menospreciando el trabajo casero.

Ahora bien, en el otro lado de la moneda, podemos ver el reflejo de la positivo respecto a la dualidad en el trabajo de la mujer, en ciertos indicadores, como lo son su autonomía, la satisfacción en el hogar y mejora en la economía, inclusive la del país, la reducción de la pobreza, la creación de nuevas oportunidades y competitividad en los centros de empleo.

Dicho todo lo anterior, es necesario que exista un ajuste en la compatibilidad entre ambos ámbitos, para que se tenga como consecuencia unas relaciones familiares funcionales y resultados laborales excelentes.

Este arreglo es la conciliación, que como medio alternativo a la resolución de los conflictos se puede aplicar perfectamente a la cotidianidad de nuestro tema en particular y que le corresponde no sólo a la mujer en su vida privada, sino al Estado, a las fuentes de trabajo y a la sociedad en general para un bienestar  colectivo.

Si la ley establece que las relaciones jurídicas familiares constituyen el conjunto de deberes, derechos y obligaciones de las personas integrantes de la familia y entre ellas se observará consideración, solidaridad y respeto recíprocos, debiéndose proteger su organización y desarrollo integral, el Estado como procurador de la familia y ésta como parte de él, tiene la responsabilidad de su seguridad, estableciendo planes de acción con el propósito de disminuir la vulnerabilidad social, para que en dicha institución se puedan ejercer correctamente  los compromisos adquiridos, siendo indispensable enfatizar sobre todo en las políticas culturales y de educación para posibilitar la distribución de las responsabilidades en el hogar.

Igualmente, las fuentes de empleo deben tomar medidas a favor de sus trabajadores como el aprecio a su trabajo, el buen trato, la flexibilidad en los horarios, permisos y el respeto a los derechos laborales, en específico, los referentes al trabajo de las mujeres. De tal suerte, se eleva el compromiso y lealtad de éstas, aumenta la productividad y competitividad, disminuye el ausentismo y los despidos, por consiguiente, se incrementa la estabilidad en el empleo, teniendo como fruto patrones y empleados satisfechos, aunque no debemos perder de vista que un notable número de ellas trabajan en la informalidad.

Por lo tanto, podemos decir que debemos poner en práctica nuestra responsabilidad social ya que no sólo a las mujeres en su habitualidad, al Estado y a los centros de trabajo les corresponde adecuar y mejorar dicha armonización, sino también a nosotros como sociedad; ante la indiferencia es imprescindible sensibilizarnos, concientizarnos para aportar soluciones funcionales, logrando una mejor calidad de vida y existencia con equilibrio.

Última actualización el Miércoles, 25 de Abril de 2012 17:37