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CEFIM - Abstinencia sexual y fidelidad, temas tabú

Abstinencia sexual y fidelidad, temas tabú PDF Print E-mail
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Escrito por Raúl Espinoza Aguilera | Publicado por la Revista MIRA

La abstinencia sexual y la fidelidad conyugal son consideradas como un “tabú” en algunos medios hoy en día. Para muchos son blanco de burlas mientras que otros, por temor a ser criticados, prefieren callar.

No obstante, en Uganda se recomendaron estas dos medidas a toda la población y bajaron drásticamente los índices de enfermedades venéreas y SIDA. ¿Por qué? porque se deduce lógicamente que las personas se ponen en peligro de adquirir estos padecimientos por la promiscuidad sexual.

Tradicionalmente, la Iglesia recomienda acudir a la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María para luchar en las tentaciones contra la pureza. Los novios deben poner todos los medios para llegar castos (limpios de cuerpo y alma) al matrimonio y, hasta entonces tener las relaciones conyugales para fundar una familia. Por su parte, los casados deben cuidar todas las medidas de prudencia para vivir cada día más enamorados y ser muy fieles a su compromiso matrimonial.

Y es que entre los solteros y casados que viven bien la pureza y controlan adecuadamente sus impulsos naturales, se encuentran las personas más maduras y centradas. Lo contrario sucede con los que llevan una vida sexualmente desordenada que con frecuencia caen en “sexoadicciones” y requieren de la ayuda de un psiquiatra para salir de su dependencia.

¿Qué decir a los que han caído en infidelidad? Que nunca es tarde para rectificar. Que acudiendo al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) pueden ser absueltos y recomenzar, viviendo una vida limpia de acuerdo con el plan de Dios.

¿Y qué de los que guardan el celibato apostólico o la virginidad? Es decir, fieles laicos, religiosos o sacerdotes que habitualmente han tenido durante su adolescencia, novias o novios, pero que un día se encontraron con el Amor de Dios, con mayúscula, se sintieron cautivados y se entregaron completamente al servicio del Señor.

Me viene a la memoria la Escuela de los Hermanos Lasallistas (Ciudad Obregón, Sonora) donde hice mis estudios hasta el último semestre de la preparatoria. Todos sabíamos perfectamente que los Hermanos estaban cien por ciento consagrados a Dios. Y nos daban un testimonio maravilloso con su alegría, entusiasmo y buen humor. Me resulta imborrable el recuerdo de un Hermano, de origen cubano, que en cuanto escuchaba música tropical -como llevaba el ritmo en la sangre y había sido muy “fiestero” en su adolescencia- comenzaba a bailar, sonriendo, poniendo ambiente y aplaudiendo. Naturalmente, todos los de la prepa formábamos un círculo alrededor de él, llevando también el ritmo con las palmas y nos invitaba a que bailáramos. No faltó el compañero que le preguntó a este Hermano cubano por qué estaba tan alegre si no tenía novia ni esposa. Y sin dudarlo, respondió: “¡Porque estoy enamorado de Dios y eso es mucho más grande y hermoso!”

Lo digo deliberadamente ahora que se ataca tanto a los sacerdotes, religiosos y monjas, a quienes por un puñado de enfermos mentales que han cometido aberraciones, se ha pretendido juzgar de un modo injusto y nada objetivo. Millones de personas a lo largo de XXI siglos del cristianismo han vivido su celibato con una enorme alegría, buen humor, celo por difundir el mensaje evangélico y han dejado una huella impresionante de santidad.

Quien vive unido a Dios y a su Madre, la Virgen María, y cumple fielmente los Mandamientos del Señor, particularmente en lo relativo a la Santa Pureza, viviendo según su vocación el celibato, la virginidad, la abstinencia sexual y la fidelidad conyugal, experimenta una alegría y una paz que este mundo es incapaz de dar.

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