¡Ni una más!

¡Ni una más!

Por: Ivette LaviadaDirectora de CEFIM Merida

El 25 de noviembre pasado, se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, día en el que en todo el mundo se reflexiona si la mujer ha dejado de ser objeto de discriminación, si ha mejorado su acceso a la educación y a la salud, si cuenta con oportunidades reales de desarrollo económico, participación en la vida pública del país con principios de equidad, sostenibilidad y seguridad, entre otros muchos rubros que se pueden revisar.  

Sin embargo, pese a los esfuerzos que pudieran hacer los gobiernos para que se acabe de una vez por todas la violencia contra las mujeres, existe una que crece día a día, que cobra numerosas víctimas, que acaba con la familia y que no perdona edad, raza, credo o condición social: la violencia intrafamiliar. La violencia que se vive al interior del hogar que puede manifestarse como psicológica, física, económica o sexual tiene profundas raíces en la formación del ser humano, es un problema serio de grandes dimensiones y que impacta no sólo en el seno familiar sino en todo lo que constituye el entorno del agresor y sus víctimas.  

Quien ejerce la violencia denota poseer un desequilibrio personal, pues estas personas descargan sus frustraciones contra quienes tienen más a la mano -su pareja o los hijos- pues les percibe faltos de  fuerza o valor para defenderse.  

Sabemos que la violencia se presenta frecuentemente cuando hay patrones de alcoholismo, drogadicción o pobreza, y sin ánimos de excusar al agresor -ya que esta problemática requeriría un análisis más profundo- si pudiéramos decir que el origen se gesta durante la formación del ser humano, en la educación y valores que recibe de su familia.  

¿Por qué se ha alterado la paz de la familia? ¿Qué empuja al hombre a dar el primer golpe? ¿Por qué la mujer soporta en silencio tanto dolor?  

Estamos viviendo en una sociedad altamente consumista, nuestros valores están cambiando y ahora el tener parece tener mayor relevancia que el ser, nuestra sociedad ciertamente ha cambiando, hemos adoptado modelos de convivencia muy alejados de nuestras tradiciones. Antes las familias no necesitábamos tanto para ser felices y ahora vivimos sujetos a demasiada presión por el ánimo de poseer, pero particularmente el varón ya que éste tradicionalmente ha sido el proveedor de la familia, ahora no hay salario que alcance para las demandas muchas veces desmedidas y esto trae consigo una frustración generalizada.  

Habría que revisar si las “necesidades” de nuestra familia son realmente “necesarias”, ya que hoy por hoy los requerimientos de alimento, vestido, educación y techo se traducen muchas veces en marcas específicas que ponen en jaque a muchos matrimonios y sus familias cuando sabemos que esto no es lo que realmente importa.  

Una pareja empieza a distanciarse cuando no existe un proyecto de vida, cuando se olvidan de la promesa de estar juntos “en las buenas y en las malas”, cuando no revaloran realidades más satisfactorias que el mero bienestar económico.  

El matrimonio no es un ideal sin fundamento, muchas parejas viven muy felices que no es lo mismo que vivir sin dificultades, ya que las parejas crecen porque saben dialogar, existe amor incondicional, fidelidad, entrega, generosidad y compromiso; y cuando éstos ingredientes faltan se favorece un clima de violencia en donde el desamor, el olvido y la indiferencia hacen su aparición, hasta que cuando menos lo imaginamos somos víctimas o victimarios de violencia intrafamiliar.  

¡Nadie lanza un puño así nomás!, la violencia se va gestando poco a poco, sutilmente omisiones de parte de los cónyuges, luego palabras que hieren tanto o más que los golpes,  hasta sucesos lamentables que han cobrado la vida de muchas mujeres.  

Tenemos una Ley que por sí sola y aún cuando se hayan agravado las penas, no logrará pacificar los hogares que viven este infierno, es necesario el compromiso decidido de la persona, de ésta con su pareja, de estos con su familia para construir una sociedad en positivo y en dónde podamos decir que no sólo las mujeres sino todos los individuos pueden tener acceso a una vida libre de violencia.

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