Tu Misión

Tu Misión

Escrito Por:  Dra.  Rocío Delong  De Astudillo

Si todos tuviéramos la capacidad de entender cuál es nuestra misión en la vida, otro sería el mundo.

La mujer ha luchado a través de la historia por tener un lugar, ha sido legítima su búsqueda, ha enfrentado grandes obstáculos, ha obtenido grandes logros, pero también ha habido enormes pérdidas en el camino. Como mujer me siento identificada con mi género, orgullosa de serlo y consciente de los cambios que ha habido a través de los años. Me doy cuenta que la mujer ha evolucionado, ha madurado y es más dueña de sí misma. Sin embargo, en esa búsqueda ha perdido muchas veces o no encuentra algo que ésta en su misma esencia de ser mujer y que es: su misión como mujer. La primera, la primordial, la más importante que es impregnar el mundo de amor.

Con impregnar el mundo de amor, hablo de ser apoyo insustituible, de ser fuente de fortaleza espiritual que los demás sientan la energía de su espíritu, de ser custodia de los seres humanos, desde el hecho de hacer hogar,  acoger, formar y educar. Su misión concreta es dar amor con lo que además puede lograr encontrarse a sí misma. La naturaleza ha confiado el hombre a la mujer desde que nace, ella lo lleva en su seno y lo cuida durante sus primeros años y por lo mismo ha sido cuna de la humanidad la cual asume con responsabilidad y fortaleza, sabe que de ella depende el futuro de la misma.   

En la época que nos tocó vivir, vemos un mundo desensibilizado,  de prevalencia de la técnica aún en contra del ser humano y su naturaleza, donde solo la mujer haciendo uso de su talento femenino puede y debe empoderarse para lograr vivir en plenitud su misión y salvar la paz del  mundo. Es el momento de la mujer,  ella puede acoger a los necesitados, preocuparse por los débiles, ejercer  la solidaridad y la hospitalidad, dar  calor a las relaciones humanas.   

No se trata de copiar o competir con el hombre, somos diferentes, él tiene sus propias capacidades. Se trata de conquistar el corazón humano, con esa ternura que nos ha sido arrebatada por la cotidianidad, con la sensibilidad propia que puede romper barreras y alcanzar la única verdad: que nos necesitamos y debemos darnos con gratuidad, sin esperar nada.   

Se trata de entender nuestra misión y de adueñarnos de nuestro destino para lograr realizarnos en plenitud y solo con conciencia de nuestra vocación.

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